Cuatro proyectos de Brasil y sus relaciones con Latino América 

 Por Bruno Lima Rocha

 

Si pensáramos tanto en términos geopolíticos, como en las teorías del desarrollo tardío, no encontramos específicamente las llaves de interpretación, para el proceso incompleto por el cual Brasil atraviesa. Tenemos que ir además de las reproducciones de manuales producidos en los países del centro del capitalismo, EUA, Europa y los países anglo-sajones.

 Así, partiendo de estas afirmaciones, en este breve texto de carácter ensayístico, exponemos el problema de la colonialidad de las identidades, de la colonización del poder de Estado y el sentido de pertenencia esquizofrénico que organiza las élites dirigentes y clases dominantes nacionales u operando niveles de dominio en Brasil.

 

Brasil y América Latina, un proceso inacabado 

Dentro del Sistema Internacional (SÍ), los Estados y sus dominios territoriales formalizados son los agentes preferenciales pero no exclusivos de los grandes centros de decisión y sus similares (como definiciones de política económica, de matriz económica o de relación con los territorios). Entre Estados y no sólo entre gobiernos de turno se construyen alianzas, acuerdos de cooperación y procesos de integración económica dentro de los marcos del capitalismo. Las relaciones internacionales terminan siendo confusas con las relaciones interestatales o entonces entre Estados y sus transnacionales (TNCs). Infelizmente, lo que vale para el cálculo político externo acaba siendo revalidado para el cálculo doméstico, siendo el efecto aún más nefasto.

Aún con todas las críticas todas muy merecidas la Teoría de la Dependencia aporta una constatación. Más allá del envío de plus valía y de la subordinación dentro de la División Internacional del Trabajo (DIT), la reproducción de la dependencia es intrínsecamente conectada a los dominios internos. Así, por la triste tradición de los europeos de América, los antiguos súbditos de los reyes de Portugal y España, al ocupar los puestos-llave de las instituciones post-coloniales, terminan profundizando la dependencia externa, intercambiando de metrópoli y manteniendo la base de economía primaria o de industrialización incompleta. En Brasil ocurre eso, siendo que el Imperio Lusitano-brasileño es substituida en el siglo XIX y después en el XX, como una potencia  delante la cual nuestro país estaba subordinado. Primero fuimos semi colonia de Inglaterra y después de Estados Unidos, siendo que en términos de sistemas culturales, Francia ocupó un espacio privilegiado, empezando en el periodo de Reino Unido (Brasil-Portugal) hasta los años ‘30.

A partir de la década de 1930, con la fase de la Industrialización por la Sustitución de Importaciones (ISI), nuestros países entraron en la aventura del desarrollo tardío, siendo que este era confundido con políticas de modernización basadas en industria, urbanización, educación masiva y agricultura de intensidad. Además de los factores económicos, el desarrollo implicaba en la construcción de un aparato de Estado que coordinara el camino del “progreso”, tomando la naturaleza (los biomas) cómo enemiga, y teniendo como meta permanente la conquista del territorio para garantizar el dominio del Estado sobre las dimensiones del país. La utopía del desarrollo, marco del nacionalismo estatista, atraviesa el conjunto de América Latina, teniendo como expresiones máximas a Vargas en Brasil (1930-1945 y después entre 1951 y 1954), Perón en la Argentina (1946-1955, el segundo gobierno, de 1973 a 1974 realmente no cuenta como siendo desarrollista) y Lázaro Cárdenas en México (1934-1940).

Este fue el paradigma máximo del “desarrollo” Estado, ejército, industria, fronteras agrícolas, sustitución de importaciones, burguesía nacional cuyo problema fue profundizado por brillantes intelectuales latino-americanos, como Celso Furtado, que discrepaba de la media de sus colegas economistas por reconocer la categoría de cultura como llave para el futuro colectivo de nuestro país. Podemos, sin exageraciones, aplicar las generalizaciones vulgares y comparar el mapa político de Brasil post-golpe blanco de 2016 y sus alineaciones con los poderes externos. Tomando como base la dualidad metrópoli-colonia y centro-periferia, vemos algunos proyectos antagónicos coexistiendo ya dentro del periodo lulista: el entreguismo transnacional; el crecimiento liberal-periférico; el desarrollo estratégico dentro del capitalismo y los proyectos de emancipación.

Los proyectos de emancipación cuyo eje céntrico es  el control territorial por comunidades enteras no pasaron de algunos momentos de enunciación, teniendo cómo auge las tímidas políticas de reconocimiento (cómo la política del lulismo implantando cuotas étnico-raciales o de género). El desarrollo estratégico poco se vio (con excepción de la cadena del óleo y gas, teniendo Petrobrás y el Banco de Desarrollo, BNDES, como eje de expansión), porque en las cadenas de valor sensible, como por ejemplo en la elección de la base tecnológica de tele digital, el país en un periodo del gobierno Lula (2006-2007), perdió la oportunidad de tener ciencia de punta y en escala, al definir por decreto el patrón japonés de alta definición, y por consecuencia, rematando el futuro del país a cambio de garantizar el liderazgo de la Rede Globo de Tv y su producción audiovisual.

Ya el crecimiento fue la vía escogida, sin romper con la trampa y modelo liberal-periférico, profundizando la importancia de commodities de exportación (como soja, mineral de hierro, petróleo bruto, azúcar de caña, café, carne de pollo, residuos de soja y pasta base química de madera) y expandiendo la frontera agrícola para algunas regiones de estados, como el oeste de Bahía, el sur del Piauí y del Maranhão y el norte del Tocantins. En la senda de la codificación aún mayor de nuestra economía, el latifundio y el agro-negocio osaron entrar en choque con el marco constitucional donde tenemos aún más del 40% de nuestro territorio preservado (dando marcha en el Proyecto de Enmienda Constitucional PEC 215, la llamada PEC del genocidio) y antes modificando el Código Forestal Brasileño, en diciembre de 2011.

Por fin, la plantilla de adhesión total a los capitales *transnacionales, anda codo con codo con las ganancias financistas, siendo que este convivió con el crecimiento liberal-periférico, y ahora, en la fase post-golpe, ultrapasa el problema de la desindustrialización y apunta para la posible desnacionalización de todas las cadenas de valor, incluyendo la propiedad de tierras posibles para agricultura de alta intensidad.

Haciendo el paralelo de sistemas culturales con las proyecciones de futuro del país – y de costado, de nuestras estratégicas relaciones dentro de América Latina – identificamos el entreguismo transnacional con el viralatismo clásico (en términos de las nociones políticas del Cono Sur, esto sería una suma de gorilismo con vender-patrias) y la adhesión a los patrones estadunidenses, anglo-sajones y europeos (lo que en Venezuela llaman de piti yankismo); ya el crecimiento liberal-periférico es esencialmente eurocéntrico, pero intenta la creación de un empresariado con pretensiones de poder en el Sistema Internacional y un Estado que sostenga esta expansión; el desarrollo en términos estratégicos y sistémico implica en disputar poder en el Sistema Internacional con un padrón asemejado a lo de las potencias medias; luego, se hace una potencial hostilidad a la superpotencia, aunque también reproduzca patrones eurocéntricos de sistemas culturales.

 

El proyecto de emancipación es la única salida de largo plazo

Ya los proyectos de emancipación son la base del protagonismo popular de un país y Continente que está al Sur del mundo y tiene el perfil indo-afro-latinoamericano. Dentro de los cuatro proyectos, forma el único conjunto que ultrapasa tanto las tesis Estado céntricas como las entreguistas, apuntalando para el acúmulo de poder popular posible en etapas distinguidas rumbo a la una ruptura de la reproducción de la colonial dad y, por consecuencia, del colonialismo interno que se verifica en distintas escalas en los tres proyectos anteriores.

El futuro de nuestras sociedades está directamente vinculado a la descolonización interna, la valorización de los saberes y quehaceres originarios y tradicionales y a la protección de las cadenas de valor como fármacos y semillas nativas que puedan ser desarrolladas a partir de estas comunidades de coloniales por su propia resistencia histórica.

blimarocha@gmail.com

 

Publicación Barómetro -19-12-16

Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores